La nueva Ley Hipotecaria
La nueva ley incide positivamente en los gastos inherentes tales como
tasación, notaría, registro, gestoría y por supuesto bancarios (los que más le preocupa al consumidor).
Se plantea reducir los gastos generados por modificar las condiciones de hipoteca, ampliando el concepto
de novación, subrogación y sin penalización por cancelación anticipada, pero creo que esta ley se olvida
del sobreendeudamiento asumido por las familias españolas, la cultura consumista provocada por facilitar
la concesión de créditos y por no haber aplicado criterios de riesgo por parte de las entidades mucho más
estrictos. Si a todo esto, le añadimos el déficit de ingresos generado por unos sueldos en desacorde con
el nivel de vida asumido, la explosión de todos estos ingredientes es un cóctel difícil de paliar. Creo que
toda reducción de gastos para el consumidor es satisfactoria, pero no es una solución óptima a la crisis
financiera generada por el abuso de especulación y del mercado inmobiliario.
Las soluciones de óptimo, en este sentido pasa por alargar los plazos de devolución de la financiación;
la diferencia en cuotas hipotecarias con respecto a la anterioridad de la ley viene a ser de 10€ en
cada pago de cuota. La única posibilidad de rebajar la tensión en el sector financiero es negociando
plazos, dentro de lo posible por edad de los intervinientes en el préstamo.
Esto conllevará una colaboración evidente, por parte de las entidades financieras, que tendrán que ser
más flexibles y comprensivas con los clientes; que a la postre, son los más perjudicados por la
coyuntura que estamos atravesando…
Patricia Layola
Analista Financiera |