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Los bancos cierran el grifo a las operaciones corporativas

El endurecimiento de las condiciones de acceso a la financiación complica la venta de Iberia y Altadis, retrasa emisiones de bonos de Unión Fenosa y Arcelor, y dificulta los planes de refinanciación de Iberdrola y Ferrovial.

2/8/2007
La incipiente crisis de los mercados de crédito amenaza con poner punto y final a la fiesta de compraventas de empresas en España, impulsada en los últimos años por el dinamismo de las firmas de capital riesgo, la abundante liquidez y la flexibilidad de las condiciones concedidas por unas entidades financieras en abierta competencia por financiar unas operaciones con márgenes muy superiores a los tradicionales.

El súbito incremento de los costes de financiación se produce en medio del temor a que se reduzca la demanda de deuda por parte de los inversores, que están exigiendo un precio más alto para asumir un riesgo que se percibe cada vez mayor.

Operaciones en marcha en España como los procesos de venta de Iberia y de Altadis, que requerirán altas dosis de deuda para ser adquiridas, pueden ser las primeras perjudicadas por el nuevo escenario de correción crediticia. Asimismo, la dificultad para colocar la deuda en los mercados ha sido ya percibida por corporaciones españolas como Unión Fenosa y Arcelor, y puede complicar los planes de refinanciación previstos por Iberdrola y Ferrovial.

El principio del fin
En el imaginario colectivo de los inversores, el principio del fin de cada ciclo expansivo está simbolizado por el glorioso fracaso de una gran operación corporativa. Con frecuencia, se alude a la traumática adquisición a finales de 1988 de RJR Nabisco por parte de Kohlberg Kravis Roberts (KKR) como la operación que marcó el punto y final del boom de la década de los ochenta, mientras que la malograda fusión entre AOL y Time Warner sintetiza el ocaso de los días de vino y rosas de la burbuja tecnológica en los noventa. Los mismos inversores sospechan ahora que la suspensión de las emisiones de deuda ligadas a la financiación de las compras de la automovílistica Chrysler por parte de Cerberus y de la distribuidora Alliance Boots por parte de KKR podrían constituir un punto de inflexión en el histórico ciclo de fusiones y adquisiciones que ha espoleado las cotizaciones bursátiles en los últimos años.

Sueños rotos
En España, las intenciones del consejo de administración de Iberia de elevar el precio de venta de la aerolínea, valorada por TPG en 3.440 millones, corren el riesgo de acabar en fracaso. Según fuentes del mercado, los planes iniciales de la firma de capital riesgo contemplaban que la deuda financiase cerca del 70% de la adquisición. “Es muy probable que el encarecimiento de la deuda disuada a otras firmas de capital riesgo de entrar en la puja y que el precio acabe por debajo de los 3,6 euros”, señalan fuentes financieras.

Por otro lado, la crisis crediticia puede complicar la presentación de una contraoferta sobre Altadis por parte de CVC. Una vez lanzada la opa formal de Imperial Tobacco, el fondo debe, si quiere pujar por Altadis, mejorar los 16.200 millones ofrecidos por Imperial. Si CVC no cierra la financiación antes del verano, su oferta puede quedarse finalmente en el aire.

Emisiones de bonos
Precios a los que se emitieron los últimos bonos antes de que aflorara la crisis, como los de OHL, que colocó 700 millones de euros a mediados de mayo, “serían ahora impensables” y, en el contexto actual, “la constructora tendría que haber pagado el doble”, justifica una fuente implicada en la operación.

Tan sólo un mes después, Arcelor intentó emitir más de 500 millones de euros en bonos con un vencimiento superior a 5 años. La operación se paralizó al no contar con suficiente demanda cuando se abrió el libro de peticiones; Unión Fenosa, que pretendía colocar antes del verano 700 millones de euros, y Telefónica, que tenía interés en lanzar una emisión, al igual que el año pasado, se lo pensaron mejor dadas las condiciones de mercado.

Aunque los expertos confían en que la situación se normalice tras el verano, las operaciones que se están aplazando podrían provocar un cuello de botella en el mercado de capitales, por lo que el inversor tendrá un poder todavía mayor para decidir a qué precios y en qué condiciones se fijan las nuevas emisiones.

Fuente: Expansión

 


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