Europa también teme a la recesión
Los expertos piensan que el PIB de la zona euro puede caer por primera vez desde que se creó
21/07/2008
La recesión era cosa de Estados Unidos. O, al menos, eso pensaban de forma unánime los expertos, los organismos
internacionales y los gobiernos occidentales, a principios de año. Hasta hace pocas semanas, era moneda común
entre los analistas destacar que Europa resistía mejor la tormenta que, a fin de cuentas, tenía en el mercado
financiero estadounidense su frente más activo. La economía norteamericana sigue en situación más precaria
que la europea, pero en los últimos días la ilusión de que el Viejo Continente tendrá una travesía tranquila
por la crisis se ha desvanecido.
Los motivos de la confianza en la fortaleza europea se resumían casi de forma exclusiva en uno: la
locomotora había vuelto a pitar. Un avance inesperado en el primer trimestre llevó a la economía
alemana a una tasa anual de crecimiento del 2,6%, la mejor en una década, lo que impulsó a la zona
euro por encima del 2%. Un aumento respetable en tiempos de turbulencias financieras y precios del
petróleo desbocados. El buen comportamiento del consumo francés (Alemania y Francia suman el 40%
del PIB de la eurozona) también contribuyó.
Pero el tiempo ha demostrado que el empuje de la locomotora alemana debía mucho, precisamente, al
tiempo: un invierno muy suave permitió a la industria seguir a pleno rendimiento y nutrir las
exportaciones de manufacturas de los países emergentes (China, India, Rusia), aún poco afectados
por la crisis global. La primavera ha devuelto las cosas a la normalidad. Y el resultado no
es nada boyante.
"La economía alemana retrocedió casi con toda seguridad en el segundo trimestre", aseguró esta
semana Volker Treier, el director del servicio de estudios de las Cámaras de Comercio alemanas.
"Hay una seria desaceleración en marcha", corrobora Matthias Rubish. Para este analista de
Commerzbank las causas están claras: "El precio del petróleo, los altos tipos de interés y
una menor demanda mundial". En suma, la crisis internacional se ha extendido estos meses y
debilita las exportaciones alemanas, castigadas también por la apreciación del euro.
A las señales de desfallecimiento de la economía alemana se han sumado estos días una catarata
de datos negativos, con la única excepción de la ligera mejora de las previsiones del FMI:
la producción industrial de la eurozona cayó un 0,6% en mayo, la confianza de los inversores
alemanes y de los consumidores franceses marcaron mínimos históricos, y las oficinas de
empleo británicas registraron en junio el mayor aumento mensual de peticiones de subsidio
de paro. "El miedo a la recesión es tóxico y se está extendiendo", advirtió el ex primer
ministro de Reino Unido, John Major.
Con este panorama, abundan los pronósticos que apuntan a que el valor del PIB de la zona
euro en el segundo trimestre será inferior al del primero, un retroceso inédito desde
que se estableció la moneda única. Los analistas de Barclays pronostican una caída
del 0,1%; los de Citigroup la sitúan en el 0,2%; JPMorgan lo lleva más allá del 0,5%.
Casi ninguno aventura todavía que lleguen a encadenarse dos trimestres consecutivos
marcha atrás, definición estricta de recesión.
Los analistas apuestan a que el retroceso alemán será pasajero, pero tienen más dudas
con los países que han basado buena parte de su expansión en el boom inmobiliario
(España, Irlanda, Reino Unido) y con los que acumulan años de débil crecimiento
(Italia o Portugal). A la espera de comprobar en qué quedará el plan de choque
español (el efecto de su medida estrella, la deducción de 400 euros, se debería
notar en el tercer trimestre), los límites sobre la deuda y el calendario electoral
pesan en las escasas medidas adoptadas en Europa.
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