España sufre el ajuste más drástico de Europa en el primer aniversario de la crisis
El agravamiento de la crisis lleva a Zapatero a comparecer de nuevo en el Congreso el próximo día 10.
El ajuste es el más intenso de la UE. Mientras, la parálisis de la actividad en Alemania agrava la
desaceleración en varios países que miran de reojo al fantasma de la recesión.
03/09/2008
De jugar la “Champions League” junto a las grandes potencias, a reconocer que España ya no es la economía
“más fuerte y preparada” de la UE. El cambio de discurso del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez
Zapatero llega tarde, por mucho que José Blanco, vicesecretario general socialista, prefiera considerar que
es el ejemplo de una actitud “serena y constructiva” al afrontar la desaceleración económica.
Zapatero ha solicitado ya una nueva comparecencia “de urgencia” en el Congreso, que tendrá lugar la semana
que viene. Será la segunda ocasión en menos de tres meses en que el Jefe de Gobierno acudirá al Hemiciclo
para debatir sobre el futuro de la economía tras los inciertos datos macroeconómicos que están apareciendo.
A fin de cuentas, el ajuste de las cifras económicas en España es el más radical de los que se viven en
las economías del entorno. Todas caen, pero no como en España. Y las medidas que se proponen como
solución, con políticas de gasto y cheques, son rechazadas en casi toda Europa.
Con un déficit por cuenta corriente disparado en el primer semestre, en el entorno del 11% del PIB, y con
el consumo paralizado por parte de las familias, tras crecer sólo un 1,2% en el año, al Ejecutivo sólo
le quedaba para aferrarse al argumento de la “no crisis” los tradicionales paladines que han cimentado
el milagro económico español de los últimos años: turismo, demanda interna y gasto privado. Pero
ninguno de ellos ha logrado dar el empujón que necesitaba la actividad. Más bien lo contrario.
A pesar de que el sector turístico es, una vez más, el único que cierra en números negros los datos
hasta julio, con un superávit de casi 12.000 millones de euros, un 3,2% más que en el mismo periodo
de 2007, la realidad es que el incremento del desempleo en agosto en 100.000 personas, en lo que
debería haber sido el mes de máxima creación de empleo, hace pensar que la actividad se ha ralentizado.
Las asociaciones de restauración, por ejemplo, anuncian profundas pérdidas.
Mientras, la inversión apenas avanzó un 1,5% interanual , con el primer recorte de la demanda interna
en años respecto al mes anterior, tras ceder un 0,2%. La construcción, con una caída del 2,4%,
volvió a liderar los números rojos.
Entre tanto, los precios se han sumido en una espiral alcista, motivada por el incremento en los costes
de las materias primas en los mercados internacionales, sobre todo en los energéticos, sector en el cual
España tiene una dependencia de más del 80% respecto de las commodities que provienen del exterior. En
especial del petróleo, que tocó su techo el pasado 11 de julio, superando tanto el barril Brent europeo
como el West Texas norteamericano la barrera de los 147 dólares.
Desde entonces, el crudo ha caído más de un 20%, lo que ha contribuido para que la inflación española
se relajara cuatro décimas en agosto, hasta el 4,9%, permitiendo que el diferencial con la Eurozona
se redujera hasta los 1,1 puntos, después de que ésta cayese dos décimas, hasta el 3,8%.
Precisamente es en Europa donde el recorte crediticio y el aumento en la demanda de las materias
primas está teniendo una mayor repercusión, provocando que muchos de sus países se estén viendo
abocados a crisis con caídas en picado de sus crecimientos y un progresivo aumento del desempleo.
La severa advertencia lanzada por Dinamarca, el último en entrar en recesión a pesar de la recuperación
de su PIB en el último trimestre, en donde repuntó hasta el 0,6%, no esconde una realidad que afecta
a los grandes del Viejo Continente. Italia, por ejemplo, está sumida en el crecimiento cero, mientras
su tasa de paro abarca ya al 6% de la población activa; en Francia, el aumento de la deuda pública
y el fracaso de las política de estímulo de la demanda llevó al primer ministro galo, François
Fillon, a pedir un “gran consenso” entre todos los socios comunitarios para salir de la crisis;
en Reino Unido, la recesión inmobiliaria ha afectado de tal manera al crecimiento que el
Ejecutivo ya ha reducido la previsión de crecimiento en seis décimas este año.
Mientras, en Alemania, el motor económico del continente y principal exportador mundial, los datos
son contradictorios. A pesar del buen dato del primer trimestre, en el que el avance intertrimestral
del PIB fue del 1,5% y de que el desempleo, con el 7,3%, está en su nivel más bajo en una década,
la evolución entre abril y junio, volvió a llevar el desasosiego a los empresarios del país.
Tanto que el índice de confianza IFO está en mínimos históricos, mientras el crecimiento se
tiñe de rojo.
De hecho, ayer la OCDE, siguiendo los pasos marcados anteriormente por el FMI, rebajó cuatro décimas
la proyección de crecimiento económico medio de la zona del euro, hasta fijarla en el 1,3%. En concreto,
el informe publicado por la institución internacional señala un panorama europeo lleno de “incertidumbres”,
en el que sólo converge la idea de una “clara debilidad” en la actividad hasta finales de año. Desagregado
por países, sorprende el golpe a Francia, nación que ve recortado su crecimiento para el presente
ejercicio en ocho décimas, hasta el 1%, en línea con lo reconocido esta misma semana por el Gobierno,
que hablaba de las “dificultades más serias” vividas en los últimos sesenta años.
Todo lo contrario que parece suceder con otras de las economías avanzadas del mundo. Mientras China
seguirá enclavadas en avances anuales en el PIB de dos dígitos hasta 2010, EEUU parece haber recuperado
de nuevo la senda del crecimiento, después de haber salido reforzado de su enésima crisis en forma de
V. El último dato conocido habla de un avance de su PIB en el último trimestre del 3,3%, gracias, en
parte, a que su sector inmobiliario, que encara ya su tercer año en recesión, parece recuperar
tímidamente cierto dinamismo.
Al igual que en el caso español, sólo la inflación parece dotar de esperanza a los analistas comunitarios,
aunque gracias, más que nada, al empeño del BCE y de su presidente, Jean Claude Trichett, en contener
los precios en el entorno del 2%.
Aunque por el momento está muy lejos de su objetivo, servicios de estudios como Funcas o Cámaras de
Comercio aseguran que a finales de año, la UE estará cerca de eses nivel inflacionario,
aunque todavía cercano al 3%.
Mientras tanto, en el seno europeo deben preocuparse de reequilibrar la actividad a parámetro normales.
Ayer, la oficina comunitaria de estadísticas, Eurostat, reveló que los precios industriales de la zona
euro crecieron 1,1 puntos en julio, hasta dejar la tasa interanual en el 9%, con un especial hincapié
en el repunte de los precios energéticos, que se elevaron en dicho periodo un 2,8%.
Dos de los grandes
damnificados por la crisis, Dinamarca (con un 22%, y Reino Unidos (20%) experimentaron los mayores
avances, mientras España registró un subida interanual del 10,2%
Las enseñanzas que trajo la crisis de las ‘puntocom’
A pesar de que el estallido de la burbuja tecnológica apenas tuvo repercusión en el tejido empresarial
español, en comparación con lo que sucedió en otros países como EEUU o Japón, sus efectos sobre las
principales magnitudes macroeconómicas sí que se dejaron sentir. El crecimiento se ralentizó 1,3 puntos
en apenas dos años, cerrando 2002 en el 2,7%. Pero es que, además, la inflación batió el techo que había
marcado en años anteriores, hasta situarse por encima del 4%.
Esto supuso que cayeran de forma significativa las inversiones empresariales, que se unieron a un periodo
de inestabilidad internacional marcada por la caída de cotización que estaba viviendo el dólar, la
divisa de referencia internacional. Además, se produjo una importante reordenación en el sector de
las auditoras, tras los fiascos de compañías como Enron.
En conjunto, se produjo una clara desviación de la inversión de capitales de los mercados tecnológicos,
cuyo 80% de sus empresas desaparecieron en los meses siguientes, a un mercado en clara efervescencia
y con visos de fáciles beneficios: el de la construcción.
En los ejercicios siguientes, el ladrillo vivió su época dorada en España, fraguada gracias al ocaso de
empresas como Terra, una de las grandes damnificadas del pinchazo de la burbuja tecnológica. En junio
de 2002, la Huelga General sirvió como triste despedida de la presidencia española de la UE. El motivo:
la reducción del subsidio por desempleo, una de las medidas que, precisamente, hoy, en día los
expertos pregonan como una de las reformas estructurales con las que superar la crisis.
|